¿Cómo y por qué me enamoré de ti?
Recuerdo con nitidez casi sagrada aquel día en que el destino, con su sigilo habitual, decidió cruzar nuestros caminos. Te ví...no, te contemplé, como quien descubre un misterio antiguo en medio del bullicio del mundo. En ese instante, entre miradas fugaces y silencios cargados de significado, me pareciste la persona más interesante que jamás hubiera tenido frente a mí. Siempre me he considerado un hombre guiado por la curiosidad, un alma inquieta que no sabe ignorar aquello que le intriga profundamente. Por ello, no dejé escapar la oportunidad de acercarme a ti, de intentar descifrar, aunque fuera apenas un poco, la esencia que irradiabas con tanta naturalidad. Nuestro primer encuentro fue breve, casi etéreo, como esos momentos que parecen no pertenecer del todo al tiempo. Un suspiro, un destello, algo tan efímero que temí que se desvaneciera sin dejar huella. Pensé, con cierta resignación, que no tendría la fortuna de conocerte más allá de aquel instante, y en mi interior...